miércoles, 15 de junio de 2016

Ferrocarril

Día 937

Por fin, después de tanto tiempo, lo hemos visto terminado. Una enorme bestia de hierro que, según dicen, alcanzará velocidades más propias de las criaturas del infierno que de la mediocridad humana. Una vez puesta cada pieza en su sitio y sofocados y empapados por la humedad, los compañeros -unos temerosos y otros fascinados- nos hemos permitido contemplarlo.

Esas ruedas de tamaño colosal, esos enormes vagones, el polvo de carbón que lo envuelve y ennegrece…No era de extrañar que hubiera atraído desde el primer momento la mirada de todo hombre y animal que se acercaba. Cada día, los barqueros se paraban y lo observaban desde el río preguntándose, imagino, si aquellos que fueran tan osados como para utilizarlo por primera vez, saldrían vivos para contarlo.


Quién sabe, quizá sea cierto lo que se oye en la ciudad y nuestro cuerpo no esté preparado para algo tan descomunal. Sin embargo, yo que lo he visto transformarse poco a poco en lo que hoy tengo ante mis ojos igual que un padre ve crecer a su hijo, reconozco que ayer volví a rezar después de mucho tiempo solo para pedir la oportunidad de experimentar lo que, sin duda, será el futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario