sábado, 3 de octubre de 2015

Tres años y tres meses

El asfalto está mojado y me gusta el ruido que hacen mis zapatos al pisarlo; me hace sentir viva. Quizá no lo sepas, pero las cosas van cada vez mejor; de hecho, no creo que tarden en volver a la normalidad.

         Ya ha empezado a hacer frío y llevo puesta una camisa azul que te dejaste la última tarde; aún huele un poco a ti. Las señales que anuncian restaurantes y tiendas están encendidas y brillan nostálgicamente, teñidas por la lluvia. No suena muy apropiado decirlo (y no puedo evitar sonreír mientras lo escribo) pero estoy moqueando ahora mismo; ya sabes que enseguida me resfrío.

Es curioso cómo nunca antes me había dado cuenta de lo bonita que es esta ciudad. Es tarde para compartirlo contigo, pero intentaré aprovechar el descubrimiento aun así. Tal vez es cierto eso que dicen de que todo sucede por una razón. Me enseñaste muchas cosas, pero estoy preparada para seguir sin ti. Te preguntarás por qué te escribo desde un banco en la calle; después de mucho tiempo he sentido la necesidad de hacerlo. Ya en el autobús pensaba en ti mientras miraba a través del vaho de los cristales. El calor era sofocante y el ambiente estaba muy cargado por el olor a paraguas mojados, así que me he bajado unas paradas antes. Me apetecía caminar.

El día está nublado y apenas puedo ver los edificios que están al final de la calle. Podría haber entrado a algún café, pero estoy bien aquí. No hay mucho tráfico, aunque no sé qué pasa hoy que los coches no dejan de pitar y hacer ruido al salpicar. No me molesta en absoluto; de hecho, era algo así lo que necesitaba oír. Encaja con lo que siento dentro.

  Los árboles ya han empezado a mudar las hojas, que ahora dejan alfombras marrones por todas partes. Me recuerda un poco a la foto que pusiste en tu currículum. ¿Te acuerdas? El que escribimos juntos. Fue en esta misma época del año y poco después te dieron el trabajo. Me parece increíble que hayan pasado tres años y tres meses. Es como si mi vida hubiera estado congelada o algo así. Y de repente, esta mañana he sentido que necesitaba dejarte ir. Espero que no estés molesto; hace meses que no he ido a llevarte flores pero no significa que no haya pensado en ti. Sabes que tengo otras maneras de demostrarlo. De todas formas, venía a decirte que no creo que volvamos a hablar, quizá no volvamos tampoco a vernos. Me tengo que ir.

         Por eso he venido aquí; por eso nos estoy escribiendo esto. Tenía que despedirme. Debes saber también que he conocido a alguien. No importa cómo se llama. Realmente creo que es un buen hombre y supongo que te alegrarás de oírlo… o tal vez no. Le he hablado de nosotros, de ti y lo entiende. Me ha dado mucho tiempo, pero yo ya no necesito más. Por fin puedo decir eso, ¿no es maravilloso? No necesito más. Estoy bien, me siento bien.


Cuando termine esta carta y la meta en el buzón, solo nos tendremos en el recuerdo. Me temo que nunca saldrás de allí.

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