jueves, 27 de agosto de 2015

Hortensias

He colgado dos macetas en el balcón.
No estaba yo muy convencida...
A mí lo que los señores transeúntes vean al mirar hacia mi ventana no me importa lo más mínimo, prefería colocarlas en el salón.
Que si sube, que si baja, que si en una mesa, que si en la otra; en el balcón han acabado.
Allí no hay mal lugar para ponerlas, puesto que solo hay uno.
Me lavo los dientes con su cepillo, ¿o era el mío?
Quizá el que compartimos ambos.
Mirada por aquí, mirada por allá y pasta en el espejo.
La dejo -ya lo limpiaré más tarde... Bueno, mejor lo limpio ahora-.
Miro de cerca el reflejo, ¡qué ojos tan negros!
"Negros... como tu alma".
Canturreo, hago la cama (¿para qué si se va a deshacer?), golpeo la almohada como si fuera su pecho -ojalá lo fuera- y me tiro con desgana.
Calor sofocante, insomnio, luz, vueltas sin descanso.
Cuerpo dentro de las sábanas, luego fuera.
Un pie dentro y el otro no.
Temperatura regulada y aun así ojos abiertos.
Tengo que hacer pis.
Definitivamente fuera de las sábanas me siento en la taza.
Se ve la sombra de las macetas tras el vidrioso cristal.
Quién iba a pensar que las hortensias serían mi única compañía.

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